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CAMINO DE SANTIAGO

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Bodas, Bautizos, Comuniones, Confirmaciones... ¿Quién no va de vez en cuando a alguna de ellas? Proponemos esta oración para cualquiera que vaya a asistir a alguna celebración especial. Para encontrarle el sentido, para rezar por quien recibe el sacramento, para no perderse en lo que es superficial, y para celebrar en espíritu y verdad.

Ante la canonización de la madre Teresa de Calcuta, tienes la oportunidad de asomarte a la santidad de tantos discípulos de Jesús. Gente distinta; frágil y fuerte a un tiempo. Gente que ha sido capaz de amar al modo evangélico. Ellos, en su vida, reflejan a Dios.

En todo el mundo católico la presencia de María es constante en nuestra manera de aprender a contemplar la vida de Jesús. Forma parte del testimonio de su fe, como la primera y más leal creyente. La historia, y la tradición, han hecho que en distintos lugares la devoción se vaya expresando de acuerdo con el sentir de los pueblos, con su memoria y con su mirada a su propia historia. Una sola María, una misma madre, pero protagonista de la devoción y la memoria de cada pueblo. Hoy muchos cristianos celebramos a María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. Es una buena ocasión para abrir el corazón y la mirada, más allá de fronteras… y sentirnos, tantos, hermanados en la mirada al evangelio.

Parece que la división geográfica, lo espacial como elemento de separación, está hoy en día de rabiosa actualidad. Barreras, muros, fronteras, nos aíslan, nos alejan. ¿Cómo recordar que somos hermanos, si nos tenemos miedo o si cálculos de conveniencia particular tienen más fuerza que la compasión verdadera? Con esta oración le pedimos a Dios que nos ayude a convertirnos en tierra abierta, tierra de acogida, fértil, capaz de dar frutos de humanidad y esperanza. Para que los que buscan refugio puedan encontrar, en nosotros y con nosotros, un hogar.

Nuestro mundo anda atribulado. Hay en muchos lugares preocupación por la política. Cada país tiene sus conflictos e incertidumbres, pero andamos inquietos y necesitados de sensibilidad evangélica. Y más si andamos en alguna encrucijada. Justo eso es lo que queremos pedir con esta oración. Para los gobernantes, y también para cada uno de nosotros, ciudadanos y responsables de participar en la vida común.

Creo, Señor, contra viento y marea. Con mis dosis de duda y mis pocas certezas. Confiado en ti. Seguiré buscándote, y caminando contigo.

Con motivo del Jubileo de la Misericordia propusimos esta oración para asomarnos a la bondad de un Dios que es mucho más grande que los prejuicios, los rencores o las leyes implacables con la humanidad. Misericordia es el abrazo de Dios a los seres humanos, a quienes quiere bien y a quienes no deja de dar otra oportunidad.

En medio del ritmo diario no siempre hay ocasión para darnos cuenta de todo lo que nos ocurre. Por eso es importante volver la vista atrás y recuperar las palabras, los encuentros, los aciertos y errores, los aprendizajes de cada día... Y es especialmente necesario aprender a descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. Eso es lo que pretendemos al examinar la jornada. No se trata de una revisión para evaluar o juzgar lo vivido, sino para descubrir, en ello, llamadas, lecciones y posibilidades.

Hay algunos momentos en que nos vemos golpeados por la dificultad. Puede ser por la enfermedad, el fracaso, alguna carga que se nos hace difícil de llevar... También desde la oscuridad –o quizás especialmente en esos momentos– podemos volvernos a Dios y elevarle nuestra oración. Para pedir su luz, su fuerza y su esperanza.

Una nueva propuesta para examinar el día. Para volver la vista atrás y descubrir la presencia de Dios en diversos momentos, a través de personas, sucesos, sentimientos y acciones que hayan tenido lugar en esta jornada. Para que nunca dejemos de buscarle, cuando se nos hace evidente que está, y cuando parece que se aleja.

En todas las historias nos toca, alguna vez, lidiar con la pérdida de un ser querido. Y, aunque dejar marchar es parte del amor, no resulta fácil. Con esta oración queremos acompañar el tiempo de duelo. Compartir ese espacio de silencio, de búsqueda y de ausencia. Sin querer forzar nada. Sin pretender otra cosa que acompañar y ayudar a poner la muerte, también, en la perspectiva de la fe. Poner la vida de los nuestros en manos de Dios. Sabiendo que, a veces, la vida duele. Pero confiados en que la muerte no tiene la última palabra. Agradecemos al grupo Ixcís la música que ha preparado especialmente para esta oración.

El estudiante pasa, a veces, por épocas de agobio. Ante los exámenes, o ante alguna prueba más significativa (una oposición, entregas de algún proyecto...). Queremos que esta oración sea una forma de hacer presente a Dios en esos momentos, y también de poner el estudio en perspectiva, para no hacer de ello un drama, sino, en todo caso, una oportunidad.

Esta navidad os proponemos hacer un rato de oración contemplando el Belén. Mirando a los personajes, viendo lo que hacen, tratando de comprender lo que viven y gustando, en el interior, al Dios que guía sus pasos.

¿Quién no pasa, algunas veces, por momentos de enfado, de irritación y molestia con algo o con alguien? Puede ser que te enfades contigo mismo, con otros, con el mundo... hasta a veces con Dios, porque no siempre entendemos todo. El caso es que esta oración quiere ser un espacio para esos momentos. Una ocasión para lidiar con la tormenta interior, para pedir la paz, el amor y el sentido del humor, tan necesarios siempre, pero más, quizás, cuando estás enfadado.

Hay tantos momentos y situaciones en que la violencia nos hace estremecernos... Violencia de hermano contra hermano, dureza en nombre de Dios, del dinero, del poder, de agravios mal llevados. En medio de esa zozobra las palabras de Jesús, sus invitaciones a la paz y al amor, resuenan con especial sentido.

El tiempo es parte de nuestras vidas. Y pasa, día a día, mes a mes, año a año. El cumpleaños nos recuerda que la vida está llena de nombres, de memorias, y que vamos haciendo una historia. Es ocasión para agradecer, y para recordar. También para hacer proyectos para el futuro. Os proponemos esta oración, que está especialmente pensada para aquellos que cumplen años. Puede ser un regalo diferente, que le hagamos llegar a aquellos a quienes queremos, cuando les toca celebrar la vida.

Laudato Si es el inicio de una oración de San Francisco, y de la encíclica sobre la creación del Papa Francisco. Es una exclamación de alabanza. Es esta, también, una llamada a la armonía, a la responsabilidad compartida y a la conversión. Os invitamos, con esta oración, a abrir los sentidos y el corazón, para dejarnos envolver por la labor creadora de Dios.