Rezandovoy
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Oración especial

La Pasión de nuestras historias

Contemplo la soledad acompañada de Jesús

Tipo

Especial

Duración

15:00 min

Texto bíblico

Evangelio

Mt 26, 30-50

Cantaron los salmos y salieron hacia el Monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: «Esta noche todos vais a fallar por mi causa, como está escrito: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño’. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea». Pedro le contestó: «Aunque todos fallen esta noche, yo no fallaré. Jesús le respondió: «Te aseguro que esta noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces». Pedro le replicó: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Lo mismo dijeron los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras yo voy allá a orar». Tomó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y empezó a sentir tristeza y angustia. Les dijo: «Siento una tristeza mortal; quedaos aquí, velando conmigo». Se adelantó un poco y, postrado rostro en tierra, oró así: «Padre, si es posible, que se aparte de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Volvió a donde estaban los discípulos. Los encontró dormidos y dijo a Pedro: «¿Será posible que no habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no sucumbir en la prueba. El espíritu es decidido, pero la carne es débil». Por segunda vez se alejó a orar: «Padre, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, que se haga tu voluntad». Volvió de nuevo y los encontró dormidos, pues tenían mucho sueño. Los dejó y se apartó por tercera vez repitiendo la misma oración. Después se acercó a los discípulos y les dijo: «¡Todavía dormidos y descansando! Está próxima la hora en que este Hombre será entregado en poder de los pecadores. Levantaos, vamos; se acerca el que me entrega». Todavía estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de gente armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado una contraseña: «Al que yo bese, ese es; arrestadlo». Enseguida, acercándose a Jesús le dijo: «¡Salve, maestro!» Y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, ¿a qué has venido?» Entonces se acercaron, le echaron mano y arrestaron a Jesús.

Guía

Cómo rezar con esta oración

  1. Disponte: Busca un lugar tranquilo, una postura cómoda. Respira lentamente unas cuantas veces. Recuerda que Dios te mira con amor.
  2. Escucha: Pulsa play y deja que las palabras y la música te guíen. No tengas prisa: si alguna frase te toca, puedes detenerla y quedarte ahí.
  3. Habla: Cuéntale a Jesús lo que has sentido. Lo que te alegra, lo que te duele, lo que te falta. Pídele lo que necesitas.
  4. Cierra: Termina con un padrenuestro, un avemaría, o simplemente con un gracias.