Condúceme a lo secreto

Condúceme a lo secreto, Señor,
allí donde habitaremos juntos.

Al lugar de la desnudez y el despojo,
a la intemperie de mis miedos y ansiedades,
a la tristeza de mis noches frías
a la soledad del corazón herido
a la incertidumbre de mis frustraciones,
al silencio de mis palabras censuradas.

Condúceme a lo secreto,
allí donde habitaremos juntos.

Al desierto de mil manantiales escondidos,
al cobijo del sol que me alienta,
a la raíz de la vida escondida,
al fuego de los hondos deseos,
a la ternura del afecto que cura
al silencio de la oración confiada.

Condúceme a lo secreto,
allí desde donde resucitaremos juntos.

(Matías Hardoy, sj)