Espíritu de Dios en el hombre.

Dicen que si escucho muy dentro ahí habitas. Más dentro que el miedo o el coraje. Más profundo que la risa o la lágrima. Más mío que la certeza o la duda. Más amor que el más tierno abrazo. Dicen que tu voz arrulla los vacíos y tu silencio acalla los ruidos. Dicen que sacias el hambre de quien no sabe, de quien no tiene, de quien no puede, de quien no llega… Y vuelcas, en mí, palabras de evangelio y justicia, de perdón y paz, de llamada y envío, de encuentro… nombres que en toda lengua se entienden. Agua fresca en la garganta reseca, rescoldo de una Vida que se niega a rendirse, serenidad en la hora crítica, tormenta en la historia insípida, puente que salta abismos imposibles… … haciendo de mi casa pequeña la mansión de un Dios. (José María R. Olaizola sj)