Ay de vosotros (lamento)

Ay de vosotros, que alardeáis de virtud y os ponéis las medallas del cumplimiento, de la apariencia, de la perfección. Ay de vosotros, que arrugáis el ceño para mostrar desagrado ante el que veis diferente y etiquetáis como peor. Ay de vosotros, encerrados en un polvorín de prejuicios que algún día ha de estallar. Y por detrás de esas fachadas aparentes hay todo un mundo de egoísmo, de indiferencia, de injusticia y abusos… ¿No os dais cuenta?
Pero este ¡ay! no quiere ser una amenaza, ni una condena. ¿No lo entendéis? Es un lamento. Un lamento porque duele ver la vida enterrada en tierra infértil. Porque cada uno de vosotros estáis llamados a brillar con la luz de la misericordia, la comprensión y el amor radical. Decir «¡Ay!» es un sollozo, es un suspiro, y es también un grito de esperanza. Porque hay conversión en el camino. Algún día se os abrirán los ojos y veréis el mundo tal cual es, con la vida que bulle por sus gentes. Y tal vez, reconociéndoos hermanos, descubriréis en qué consistía el amor.

(Rezandovoy)