Cananeos

No te merezco,
pero te necesito.

No hay más camino
para la gracia.

Es absurdo exigirla
como ganancia o mérito.
Es estéril acapararla
como tesoro exclusivo.
La atalaya de la propia perfección
no deja sitio al hambre
de encuentro.
Pobre banquete
de los vanidosos,
ensimismados
en su propio valor.
La misericordia
cae de la mesa
de los satisfechos,
que creen no necesitarla.
Son los quebradizos,
los extraviados,
los que se saben de barro,
quienes reciben,
como un don anhelado,
el manjar ofrecido por Dios.

(José María R. Olaizola, SJ)