Profecía para hoy
Oíd la palabra del Señor, habitantes de Europa. Escuchad la enseñanza de nuestro Dios, ciudadanos de América. ¿Qué me importa cuántas veces vayáis a misa, o si ayunáis mucho o poco? Estoy cansado de que me encendáis velas y me hagáis novenas. Vuestras palabras, vuestras canciones, vuestros poemas, no me agradan. ¿Por qué venís a verme? ¿Acaso os pido algo cuando entráis por la puerta de la iglesia? No me traigáis regalos vacíos, o inciensos que nada significan. Pobláis las redes con mi nombre y con citas varias. Rituales, triduos, asambleas, cantos vacíos, no los soporto. Vuestras fiestas se me han vuelto una carga, porque demasiadas veces no significan nada. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; de nada sirve que digáis mi nombre una y mil veces, si esas manos están llenas de sangre, si vuestras estructuras excluyen, matan, dividen… ¡convertíos de verdad! Dejad de hacer el mal, o de permitirlo, y empezad a luchar por el bien. Buscad el derecho y la justicia. Atended al oprimido, defended al huérfano a quien nadie protege, acompañad a la viuda que está sola.
(Rezandovoy, adaptación de Is 1, 10-17)
(Rezandovoy, adaptación de Is 1, 10-17)