Invitación a la confianza
No tengas miedo a las personas. No tengas miedo a los otros, hombres y mujeres que promueven sombras, alientan maldades o enmascaran la verdad. Porque no hay nada oculto que no se vaya a saber. Lo que yo te digo ahora, en la intimidad de tu oración, tú cuéntalo con paz a plena luz del día. Y lo que me escuchas, llévalo allá donde una voz necesita ser oída. Llévalo a las calles, a las iglesias, a las redes… no tengas miedo de proclamar mi verdad. Aunque te ataquen por ello. La verdad del amor, la misericordia, la comunidad, el perdón…
Y no temas a los que atacan de tantos modos, a los que hieren, anulan, desprecian, calumnian… herirán, sí, pero no pueden matar el alma. Tú teme más bien vivir una vida vacía. Sin sentido, sin Dios.
Porque si vives sin mí te pierdes ser consciente del abrazo que te sostiene. Dios, autor del universo, de toda su vida, de toda su belleza… Dios que todo lo envuelve en su abrazo, ¿no te va a envolver a ti? No tengas miedo.
Habla de mí, de mi amor, de mi verdad, ante los otros. Yo, Jesús, hablaré de ti al Padre Dios que está en los cielos. Porque tu vida me importa. Y también tu amor.
(Rezandovoy, adaptación de Mt 10, 26-33)
Y no temas a los que atacan de tantos modos, a los que hieren, anulan, desprecian, calumnian… herirán, sí, pero no pueden matar el alma. Tú teme más bien vivir una vida vacía. Sin sentido, sin Dios.
Porque si vives sin mí te pierdes ser consciente del abrazo que te sostiene. Dios, autor del universo, de toda su vida, de toda su belleza… Dios que todo lo envuelve en su abrazo, ¿no te va a envolver a ti? No tengas miedo.
Habla de mí, de mi amor, de mi verdad, ante los otros. Yo, Jesús, hablaré de ti al Padre Dios que está en los cielos. Porque tu vida me importa. Y también tu amor.
(Rezandovoy, adaptación de Mt 10, 26-33)