Comunión

¿Cómo es que quieres acercarte tú a mi casa?
¿Cómo, si yo apenas te visito?
¿Cómo, si muchas veces no entro siquiera a saludarte?
¿Cómo, si pienso que a nadie, a ti tampoco, le he importado?
Y, sin embargo, estás, día tras día, esperando que quizás hoy cruce tu puerta,
ansioso de que llegue a ti y te mire, con tus brazos en cruz, de par en par abiertos.
Padre, ayúdame a encontrarte,
en la mirada limpia de los niños,
en las prisas de este mundo mío,
en los esfuerzos que hacen los hermanos
por llevar, cada jornada, la cultura y el pan hasta su casa.
En tu Casa, Señor, en la penumbra.
En las calles abiertas a la gente.
En la risa y el llanto de mi vida cotidiana.
En la respiración, el aire, el humo de la hoguera
que arde en tu corazón… ya sé que por mi causa.

(Jaime Foces Gil)