Todos
Un anuncio,
clavado en el portón cerrado,
avisaba.
«Cuidado con el perro.
Muerde.
Acceso restringido».
Derechos reservados
al pueblo elegido.
Podrán pasar
los cuatro agraciados,
los de paso perfecto,
los intachables,
los que nunca han caído,
los de fachada brillante,
los trabajadores de la primera hora,
los hermanos mayores
que nunca rompieron un plato,
los campeones de la ley,
los medallistas de ritos,
los inmaculados.
Llegaste tú,
rompiste el cartel
con tus manos desnudas.
Empujaste la puerta
y la dejaste abierta.
Llamaste:
«Venid todos,
los desgraciados,
los renqueantes,
los que metieron la pata,
los de rostro macilento,
los que llegan tarde,
los hijos pródigos,
los que extraviaron el paso,
los chapuceros,
los manchados.
Los de pase preferente
te amenazaron de muerte.
Y cumplieron.
Pero ya no pudieron
cerrar la puerta.
(José María R. Olaizola, SJ)
clavado en el portón cerrado,
avisaba.
«Cuidado con el perro.
Muerde.
Acceso restringido».
Derechos reservados
al pueblo elegido.
Podrán pasar
los cuatro agraciados,
los de paso perfecto,
los intachables,
los que nunca han caído,
los de fachada brillante,
los trabajadores de la primera hora,
los hermanos mayores
que nunca rompieron un plato,
los campeones de la ley,
los medallistas de ritos,
los inmaculados.
Llegaste tú,
rompiste el cartel
con tus manos desnudas.
Empujaste la puerta
y la dejaste abierta.
Llamaste:
«Venid todos,
los desgraciados,
los renqueantes,
los que metieron la pata,
los de rostro macilento,
los que llegan tarde,
los hijos pródigos,
los que extraviaron el paso,
los chapuceros,
los manchados.
Los de pase preferente
te amenazaron de muerte.
Y cumplieron.
Pero ya no pudieron
cerrar la puerta.
(José María R. Olaizola, SJ)