Bernabé cuenta sus hechos
Verás, nunca ha sido fácil anunciar el evangelio. Quizás ahora tampoco lo sea para ti. A menudo nos encontrábamos incomprensión, recelo y ataques. Como una vez en Iconio. Querían apedrearnos y tuvimos que escapar. Nos perseguían los judíos, porque decían que traicionábamos la fe. Y los paganos, que se sentían amenazados. Pero seguimos intentándolo, por todas partes, en Listra, Derbe… ¿No te pasa a ti a veces, que te miran raro, o que la gente se burla de lo que crees?
Aunque otras veces el problema era justo el contrario. Teníamos demasiado éxito. Te lo explico con un ejemplo. Recuerdo que en Listra Pablo sanó a un hombre que no había caminado nunca. Pablo, sabiendo de su fe, le dijo: «Levántate, ponte derecho». Y el hombre lo hizo y se puso a caminar. Entonces el gentío empezó a vitorearnos. Y decían que yo era Zeus, y Pablo, Hermes. Que éramos dioses. Era una tentación dejarse adular por los aplausos y la entrega de la gente. Pero insistimos para recordarles lo que de verdad importaba. Les recordamos que nosotros solo queremos anunciar al Dios vivo, al Dios que todo lo ha hecho, y que vela por nosotros. Porque, escúchame, esa es nuestra verdadera misión. También a veces tú tendrás la tentación de sentirte centro de miradas, de aplausos, reconocido o alabado. Pero no te dejes poner medallas. Que lo nuestro es recordarles a las personas quién es Dios, y cómo su verdad, su justicia y su amor iluminan nuestras vidas… Él que me llamó, y que sigue hoy llamándonos.
(Rezandovoy, adaptación de Hch 14, 5-18)
Aunque otras veces el problema era justo el contrario. Teníamos demasiado éxito. Te lo explico con un ejemplo. Recuerdo que en Listra Pablo sanó a un hombre que no había caminado nunca. Pablo, sabiendo de su fe, le dijo: «Levántate, ponte derecho». Y el hombre lo hizo y se puso a caminar. Entonces el gentío empezó a vitorearnos. Y decían que yo era Zeus, y Pablo, Hermes. Que éramos dioses. Era una tentación dejarse adular por los aplausos y la entrega de la gente. Pero insistimos para recordarles lo que de verdad importaba. Les recordamos que nosotros solo queremos anunciar al Dios vivo, al Dios que todo lo ha hecho, y que vela por nosotros. Porque, escúchame, esa es nuestra verdadera misión. También a veces tú tendrás la tentación de sentirte centro de miradas, de aplausos, reconocido o alabado. Pero no te dejes poner medallas. Que lo nuestro es recordarles a las personas quién es Dios, y cómo su verdad, su justicia y su amor iluminan nuestras vidas… Él que me llamó, y que sigue hoy llamándonos.
(Rezandovoy, adaptación de Hch 14, 5-18)