Siempre ha sido así
¿Quién no se ha visto alguna vez, cautivo de normas, de leyes, de formas…? «Siempre ha sido así», decimos, temerosos de los cambios. Nos asusta lo desconocido, lo que nos quita las seguridades. También puede ocurrir con la fe. Siempre se ha rezado así, se ha celebrado así, se ha cumplido así. Esta es la norma, esta es la regla, esta es la ley. Esto es lo que hay, decimos.
Pero llegas tú, y me dices que la ley, sin amor, es una coraza vacía, una armadura inútil, un campo yermo. Llegas tú y dices que la pregunta no es por el cumplimiento, por la perfección, por el mandamiento o por la virtud, sino por el amor. Amor que quiere el bien del otro, cercano y distante. Amor concreto, práctico, posible. Amor que desea que cada vida sea una fiesta. Si falta el amor, de nada servirán todos los códigos del mundo. Pero si hay amor, lo demás encontrará su sitio.
(Rezandovoy)
Pero llegas tú, y me dices que la ley, sin amor, es una coraza vacía, una armadura inútil, un campo yermo. Llegas tú y dices que la pregunta no es por el cumplimiento, por la perfección, por el mandamiento o por la virtud, sino por el amor. Amor que quiere el bien del otro, cercano y distante. Amor concreto, práctico, posible. Amor que desea que cada vida sea una fiesta. Si falta el amor, de nada servirán todos los códigos del mundo. Pero si hay amor, lo demás encontrará su sitio.
(Rezandovoy)