Días furiosos

Es parte de la vida
que no encajen las piezas,
que se rompan los sueños.
De poco sirve empeñarnos
en domar la turbulencia de los días.
La palabra no aplaca el desconcierto.
La teoría no abarca la existencia.
La gente es compleja.
Nuestros días, inciertos.
El hombre propone, y Dios dispone,
pero a menudo el caos se impone.

También esto es ser humano.
Desesperarse,
viajar sin mapas,
creer pese al estruendo del silencio,
tratar de retener entre los dedos
el agua que se escurre sin remedio,
no entender el idioma del hermano,
no saber responder a lo esperado.
Y en algún arrebato de amargura
destruir a patadas los castillos de arena.

Pero al volver la calma
y la esperanza,
comenzaremos, de nuevo,
a poner contrafuertes
y reforzar la alegría.

(José María Rodríguez Olaizola, SJ)