Tú me esperabas con ansia
Tú esperabas con ansia, mi respuesta, mi fuerza….
Yo escuché cada una de tus palabras, tu grito y tus susurros,
y puse en tu boca un canto nuevo, una voz menos urgente,
menos desesperada, un canto de evangelio, de justicia, de verdad.
Yo no quiero sacrificios estériles, u ofrendas vacías. No necesito nada de eso.
Quiero que abras el oído para escuchar mi voz, y todas las voces del mundo.
Entonces tú me dices que estás aquí, que quieres hacer mi voluntad,
y yo me alegro hasta la entraña, porque mi voluntad es tu bien,
y el bien de cada ser humano.
Proclamas la salvación ante la gran asamblea,
y tu vida habla de amor, de esperanza y de Vida.
Y yo, el Señor, lo sé.
(Rezandovoy, el Salmo 40 a la manera de Dios)
Yo escuché cada una de tus palabras, tu grito y tus susurros,
y puse en tu boca un canto nuevo, una voz menos urgente,
menos desesperada, un canto de evangelio, de justicia, de verdad.
Yo no quiero sacrificios estériles, u ofrendas vacías. No necesito nada de eso.
Quiero que abras el oído para escuchar mi voz, y todas las voces del mundo.
Entonces tú me dices que estás aquí, que quieres hacer mi voluntad,
y yo me alegro hasta la entraña, porque mi voluntad es tu bien,
y el bien de cada ser humano.
Proclamas la salvación ante la gran asamblea,
y tu vida habla de amor, de esperanza y de Vida.
Y yo, el Señor, lo sé.
(Rezandovoy, el Salmo 40 a la manera de Dios)