Viniste, Señor, como haces siempre
Viniste, Señor, como haces siempre, a llamar a mi casa.
Un día era el trabajo y me dije «Mañana abro».
Otro, el cansancio, y no te oí.
Un tercero la prisa, y me olvidé de ti.
Y de nuevo llegaste, con tu Luz, a encender mi sombra.
Te creí en el relámpago; mas no estabas allí.
Quise verte en los luceros; pero solo eran fantasías de mis ojos.
Me sedujeron los fuegos de artificio; sin embargo, tampoco allí morabas.
Y te encontré en el hermano,
y en la riqueza de darse entero,
y en el sabor de unas lágrimas,
y en la risa cristalina de una niña,
y en la llama temblorosa y amable de un candil.
Y, entonces, te supe, te abrí mi puerta y me dejé llenar por tu Palabra.
(Jaime Foces)
Un día era el trabajo y me dije «Mañana abro».
Otro, el cansancio, y no te oí.
Un tercero la prisa, y me olvidé de ti.
Y de nuevo llegaste, con tu Luz, a encender mi sombra.
Te creí en el relámpago; mas no estabas allí.
Quise verte en los luceros; pero solo eran fantasías de mis ojos.
Me sedujeron los fuegos de artificio; sin embargo, tampoco allí morabas.
Y te encontré en el hermano,
y en la riqueza de darse entero,
y en el sabor de unas lágrimas,
y en la risa cristalina de una niña,
y en la llama temblorosa y amable de un candil.
Y, entonces, te supe, te abrí mi puerta y me dejé llenar por tu Palabra.
(Jaime Foces)