Yo escucho tu oración

A ti, que rezas conmigo, te respondo.
Yo escucho tu oración. Tu grito llega hasta mí.
No te escondo mi rostro el día de la desgracia.
Yo inclino mi oído hacia ti cuando me invocas,
te escucho enseguida, nunca lo dudes.
Quienes hoy me ignoran respetarán mi nombre.
Quienes ostentan el poder, la fuerza, el prestigio, reconocerán mi gloria.
Habrá un día en que forjaré un pueblo nuevo,
y apareceré en mi gloria.
Responderé a las súplicas de los indefensos
y no despreciaré sus peticiones.
Dejo esto escrito para la generación futura.
Y todas las personas cantarán mi nombre.
Porque no soy un Dios distante, sino un Dios atento.
No dejo de mirar mi creación ni de fijarme en la humanidad.
Escucho los gemidos de los cautivos
y libro a los condenados a muerte.
(Adaptación del salmo 101, RV)