Vino para quedarse

Vino para quedarse, habitar entre nosotros.
Bautizarse, peregrinar, pasar hambre y hasta ser tentado.
Vino para quedarse porque se le ocurrió amarnos.
Jugarse por cada uno de nosotros.
Porque se le ocurrió cubrir con su sombra a aquella mujer,
guiando en sueños a aquel artesano.
Vino para quedarse, sabiendo que mucho lugar no tenía.
Que hasta nos iba a costar encontrarle su lugar.
Entre ángeles y pastores empezamos a abrir los ojos.
Envuelto en pañales lo encontraron los magos,
cuando la estrella se detuvo en aquel corral
convertido ahora de excluido hogar en Tienda de Encuentro.
Pesebre donde falta de todo, pero sobra amor.
Y vio Dios que era bueno, y también lloró y se quedó.

(Marcos Alemán, sj)