El tesoro escondido

Qué extraño que se esconda a plena vista.

Y sin embargo así es tu amor, tan evidente.
Lo buscamos en parajes recónditos
mientras tú nos lo llueves en las manos.
Nos hemos empeñado en no entender
que tu gracia está cerca, como el aire,
como el agua que baila con la arena,
como el ruido que ya ni percibimos.
No hay cofre que retenga tu riqueza
ni losa que encadene soledades.
No hay escasez de tu entrega infinita
ni cláusula que aleje tu evangelio.

Desenterremos tantas convicciones
que quedaron sepultadas por el tedio.
Es hora de volver a abrir los ojos.

(José María R. Olaizola, sj)