Sentarme a tu mesa

Déjame sentarme a tu mesa, Señor.
La de la alegría de comer juntos,
la del adiós y la despedida,
la del amor extremo y sencillo,
la de la fidelidad de los que están desde el primer día,
la del sabor amargo de la traición,
la del desconcierto por no saber bien cómo será todo,
la de tu angustia silenciosa.

La de mi vida,
apasionada y frágil,
que quiere entregarse con la tuya
y por eso desea comer este pan,
para donarse y dejarse atraer
por tu amor siempre nuevo,
hasta que nos reencontremos
para siempre
junto al Padre.

(Matías Hardoy)