Tomad

Tomad y comed, que esto es mi cuerpo, curtido por el sol de los caminos, forjado en el encuentro cotidiano con quien no tiene sitio en otras mesas. Cuerpo que habla con caricias sanadoras, con miradas benévolas y una mano extendida hacia quien la necesite. Tomad y bebed la vida a borbotones, el amor generoso la justicia inmortal, Hasta que no haya más sed en las gargantas resecas. Bebed, apurad hasta el fondo el cáliz de la vida dispuesta a servir, que la sangre derramada será semilla de esperanza para quien hoy llora. Y después, haced vosotros lo mismo. (Rezandovoy)