Pensamientos de la soledad

Mi Señor Dios, no tengo ni idea de adónde voy. No veo el camino delante de mí. No puedo saber de seguro dónde acabará. Ni me conozco realmente a mí mismo, y el hecho de que piense que estoy cumpliendo tu voluntad no significa que lo esté haciendo de verdad. Pero creo que el deseo de complacerte te complace de hecho. Y espero tener ese deseo en todo lo que hago. Espero nunca hacer nada fuera de ese deseo. Y sé que, si hago esto, tú me conducirás por el buen camino, aunque yo no lo sepa en absoluto. Por eso confiaré en ti siempre, aunque parezca que estoy perdido y en la sombra de la muerte. No temeré, porque tú siempre estás conmigo y nunca dejarás que me enfrente solo a mis peligros [1].

(Thomas Merton)