Te veo y no te veo

Cuando no te veo, te añoro y te busco. Pregunto por las calles, intento adivinar tu rostro en fragmentos de vidas ajenas en ojos que fugaces se me cruzan, en episodios brillantes, o en las grietas de cada historia. Pregunto al presente, quién es samaritano y quién te crucifica, a quién alzaste del suelo, quién aprendió, contigo, a soltar la piedra y extender la mano. Bebo las respuestas, con avidez. Y a veces te veo. Porque estás, a tu manera discreta, sin imponerte. Basta un instante de reconocimiento para encender, de nuevo, la mecha. ¡El amor auténtico! Ahí está la verdad. (José María R. Olaizola)