Mercaderes

Hay que enfadarse y gritar contra el que profana vidas, el vendedor de apariencias, contra el mercader de credos y el usurero de penas. Hay que devolver un ‘no’ a quien comercia con guerras, y oponer la fe desnuda a las armas, a las fieras que a zarpazos amenazan esta humanidad hambrienta de sentido, de palabra, de esperanza, de inocencia. Hay que tirar por el suelo las mesas de los cambistas que regatean con leyes y manipulan conciencias. Plantarle cara a lo indigno, aunque resistir convierta en incómodo a quien lucha, en peligroso al que alega que no es amar un negocio, ni el egoísmo bandera. Hay que despejar el templo de cerrojos y cadenas, de credos atornillados, y corazones de piedra. Hay que silenciar el ruido, y dar voz a los profetas. (José María R. Olaizola, SJ)