Nana de la Virgen Madre

Duérmete, niño mío, que yo te envuelvo en un sí eterno. Duérmete ahora, y descansa que ya habrá tiempo de dar la vida, de hacer justicia, de sembrar reino. Duérmete, y si te asustan los fuertes vientos, los hombres malos, los gestos necios, no te preocupes, que yo te velo. Duérmete, e imagina un tiempo nuevo, sin alambradas, sin olvidados, sin excluidos, sin deshonestos. Duérmete, que mañana te espera el mundo para poblarlo con tu esperanza, para guiarlo con tu proyecto. Duérmete, niño frágil, y nunca olvides que yo te quiero. (José María R. Olaizola, SJ)