Coloquio samaritano

Dame, Señor, un corazón samaritano como el tuyo
para no pasar de largo ante las necesidades de los hermanos,
para saber llorar con quien sufre,
para calmar las dolencias que me encuentre a mi paso.
Cambia, Señor, mi corazón de piedra en uno de carne
que sepa empatizar con el dolor del mundo,
con la pobreza de los pueblos, con el llanto de los descartados.
Enséñame a devolver bien por mal,
a rechazar convertirme en juez y verdugo,
a perdonar, si es preciso, setenta veces siete,
a excusar en vez de juzgar,
a salvar en lugar de condenar.
Enséñame, Señor, a dar con abundancia,
con las manos siempre extendidas y abiertas,
con medida generosa, colmada, rebosante…
porque dando es como se recibe.

(Fermín Negre)