







Jesús llegó a un pueblo que se llamaba Sicar. Era de la región de Samaría. Los samaritanos tenían muy mala fama entre los judíos, porque decían que eran poco piadosos y no cumplían la ley, así que los judíos y los samaritanos, ni se hablaban unos con otros.
Jesús se sentó junto a un pozo. Tenía sed, pero no tenía nada con que sacar agua. Entonces apareció una mujer que traía un cubo. Era samaritana. Jesús le pidió: «¿Me das agua?» Ella quedó sorprendida. «Anda, ¿me hablas, aunque tú eres judío y yo soy samaritana?» Jesús dijo: «Mira, a mí esas tonterías me dan igual. Te pido agua, y te ofrezco algo mucho mejor, ‘Agua viva’». Ella lo miró con cara de no entender: «¿Qué significa eso del ‘agua viva’?» Jesús le contestó: «El agua viva es un agua que, si la pruebas, no tienes más sed, y es una fuente de vida eterna». Se refería con eso a la palabra de Dios, al amor, a todo lo que Dios nos enseña.
Entonces la mujer le dijo: «Dame de esa agua, que así no tendré más sed».
«En medio de ti.» © Difusión libre cortesía de Proyecto Nahum
Cuando sienta que mi vida se esté llenando de tristeza…
Cuando sienta que en mi vida el egoísmo vaya venciendo…
Cuando sienta que el rencor se esté imponiendo en mí…
Cuando sienta que me estoy alejando de mis amigos…
Cuando los que necesitan ayuda no me preocupen…
...Dame de tu agua, Jesús.