






Sed concordes, compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes; no devolváis mal por mal ni injuria por injuria, antes bien bendecid puesto que a eso habéis sido llamados, a heredar una bendición.
Si uno quiere vivir y pasar años prósperos, guarde su lengua del mal y sus labios de la falsedad, apártese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella. Porque los ojos del Señor se fijan en el honrado, sus oídos escuchan sus súplicas; pero el Señor se enfrenta con los malhechores. ¿Quién podrá haceros daño si sois solícitos del bien? Y si padecéis por la justicia, dichosos vosotros. No les tengáis miedo ni os turbéis.
«Medias verdades» © Difusión libre cortesía de Luis Guitarra
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh, Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, cuanto consolar;
ser comprendido, cuanto comprender;
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
(oración atribuida a san Francisco de Asís)