CAMINO DE SANTIAGO

NIÑOS

?

septiembre
20
jueves

jueves de la 24 del Tiempo Ordinario

Lc 7,36-50

música

texto de apoyo

descargar oración

comparte

00:00

Coloquio, elegidos para amar

Mi Señor, tú que me has elegido para amar,
concédeme la gracia de amar sin esperar nada.
De salir fuera y mirar:
quién necesita,
quién espera,
quién llama,
quién grita,
quién es más preferido ante tus ojos.
Ayúdame Señor y no me dejes hacer distinción.
Todos somos tus hijos,
diversos en razas, religiones y pensamientos,
y, sin embargo, todos tenemos cabida en tu mesa fraterna.
Que no sea yo, Señor mío, quien aparte a nadie de tu mesa.

Lc 7,36-50

Un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás, junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”. Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El respondió: “Dímelo, maestro”. Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?”. Simón contestó: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor, pero al que poco se le perdona, poco ama”. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “¿Quién es esté, que hasta perdona pecados?” Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

música

La mujer del perfume interpretado por Ain Karem
«Con él la fiesta empezó»© Autorización de Somosinter, SL

World Outside interpretado por Reza Manzoori
«ReStrung»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

septiembre
20
jueves

Jueves de la 24 de Tiempo Ordinario

La mujer del perfume interpretado por Ain Karem
«Con él la fiesta empezó»© Autorización de Somosinter, SL

World Outside interpretado por Reza Manzoori
«ReStrung»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

Lc 7,36-50

Un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás, junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”. Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El respondió: “Dímelo, maestro”. Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?”. Simón contestó: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor, pero al que poco se le perdona, poco ama”. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “¿Quién es esté, que hasta perdona pecados?” Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

texto de apoyo

Coloquio, elegidos para amar

Mi Señor, tú que me has elegido para amar,
concédeme la gracia de amar sin esperar nada.
De salir fuera y mirar:
quién necesita,
quién espera,
quién llama,
quién grita,
quién es más preferido ante tus ojos.
Ayúdame Señor y no me dejes hacer distinción.
Todos somos tus hijos,
diversos en razas, religiones y pensamientos,
y, sin embargo, todos tenemos cabida en tu mesa fraterna.
Que no sea yo, Señor mío, quien aparte a nadie de tu mesa.

descargar oración