CAMINO DE SANTIAGO

NIÑOS

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julio
22
domingo

domingo de la 16 de Tiempo Ordinario

Mc 6, 30-34

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Coloquio con el Señor

Señor, estamos aquí? en tu presencia, a tu alrededor,
como tus discípulos, para escuchar tus enseñanzas
y tus consejos, para una charla íntima contigo,
como los apóstoles, cuando con toda confianza te decían:
«Señor, ensénanos a orar... Señor, explícanos la parábola»
Con la confianza que nos inspiran tus palabras:
«Vosotros sois mis amigos... No os llamo ya siervos,
a vosotros os he llamado amigos»,
tenemos tantas cosas que decirte,
tenemos necesidad de escuchar tantas cosas de ti:
«Habla, Señor, que tu siervo escucha...
Porque hablas como jamás un hombre ha hablado...
Señor, ¿a quien vamos a ir? Tu? tienes palabras de vida eterna».

Estamos ciertos, Señor, de que tus promesas son sinceras
y no engañan: «Pedid y se os dará?, llamad y se os abrirá».
Animados con estas palabras, queremos hoy pedirte
muchas cosas, que en definitiva se reducen a una sola:
«Venga tu Reino. Hágase tu voluntad».
En esto se resume todo lo que te pedimos.
Señor, se esta? aquí? tan bien en tu presencia que,
como Pedro, querríamos hacer tres tiendas para quedarnos contigo:
pero sabemos que este estar aquí? contigo,
en estas horas serenas, no puede ser sino por poco tiempo,
porque la mies es mucha y los obreros pocos,
y tu? nos mandas a trabajar por ti en el mundo:

«Id también vosotros a mi viña... Id por todo el mundo,
y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».
Si?, nosotros iremos a trabajar por ti en tu viña,
pero nuestro corazón se quedara? aquí?, a tus pies,
atento, como María, para escuchar tus palabras de vida eterna;
como tu Madre, que «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», para gustar también nosotros tus palabras en nuestro corazón.
Enséñanos a ir y a quedar, a trabajar por ti sin separarnos de ti,
a ser contemplativos en la acción,
a experimentar en nuestro corazón tu presencia de «dulce huésped del alma».

(Pedro Arrupe, sj)

Mc 6, 30-34

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco". Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

música

Silencio de amor interpretado por Jesed
«silencio de amor»© Permisos pedidos a Jesed Ministerio de música

Sicar interpretado por Andrés Tejero
«Sicar»© Autorización de San Pablo Multimedia

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Domingo de la 16 de Tiempo Ordinario

Silencio de amor interpretado por Jesed
«silencio de amor»© Permisos pedidos a Jesed Ministerio de música

Sicar interpretado por Andrés Tejero
«Sicar»© Autorización de San Pablo Multimedia

Mc 6, 30-34

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco". Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

texto de apoyo

Coloquio con el Señor

Señor, estamos aquí? en tu presencia, a tu alrededor,
como tus discípulos, para escuchar tus enseñanzas
y tus consejos, para una charla íntima contigo,
como los apóstoles, cuando con toda confianza te decían:
«Señor, ensénanos a orar... Señor, explícanos la parábola»
Con la confianza que nos inspiran tus palabras:
«Vosotros sois mis amigos... No os llamo ya siervos,
a vosotros os he llamado amigos»,
tenemos tantas cosas que decirte,
tenemos necesidad de escuchar tantas cosas de ti:
«Habla, Señor, que tu siervo escucha...
Porque hablas como jamás un hombre ha hablado...
Señor, ¿a quien vamos a ir? Tu? tienes palabras de vida eterna».

Estamos ciertos, Señor, de que tus promesas son sinceras
y no engañan: «Pedid y se os dará?, llamad y se os abrirá».
Animados con estas palabras, queremos hoy pedirte
muchas cosas, que en definitiva se reducen a una sola:
«Venga tu Reino. Hágase tu voluntad».
En esto se resume todo lo que te pedimos.
Señor, se esta? aquí? tan bien en tu presencia que,
como Pedro, querríamos hacer tres tiendas para quedarnos contigo:
pero sabemos que este estar aquí? contigo,
en estas horas serenas, no puede ser sino por poco tiempo,
porque la mies es mucha y los obreros pocos,
y tu? nos mandas a trabajar por ti en el mundo:

«Id también vosotros a mi viña... Id por todo el mundo,
y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».
Si?, nosotros iremos a trabajar por ti en tu viña,
pero nuestro corazón se quedara? aquí?, a tus pies,
atento, como María, para escuchar tus palabras de vida eterna;
como tu Madre, que «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón», para gustar también nosotros tus palabras en nuestro corazón.
Enséñanos a ir y a quedar, a trabajar por ti sin separarnos de ti,
a ser contemplativos en la acción,
a experimentar en nuestro corazón tu presencia de «dulce huésped del alma».

(Pedro Arrupe, sj)

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