CAMINO DE SANTIAGO

NIÑOS

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junio
15
viernes

viernes de la 10 del Tiempo Ordinario

1Re 19, 9; 11-16

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Coloquio de la soledad

Hermana soledad: tú siempre estás conmigo, siempre me has acompañado. Cuando era más joven, te rechazaba; con el paso de los años, cada vez te siento más cerca de mi, hermana y amiga soledad.
¿Por qué será que eres quien más me ha hecho sufrir en la vida, y sin embargo me haces sentir tan celoso de ti?
Cuando entro en mi silencio, siento que tú estás ahí, hermana soledad.
Cuando atravieso el desierto de la vida, tú andas conmigo, nunca me dejas.
Cuando tengo que desandar el camino, tú lo desandas conmigo.
Si busco cobijo en una cueva, de noche, tú te cobijas conmigo.
Contigo, hermana soledad, siento la brisa suave y la voz del Señor que me dice, como al profeta Elías: ¿Qué haces aquí?
De mi silencio, nace una palabra: Señor, es de noche, busco cobijo, te busco a ti

(Pep Baquer, sj)

1Re 19, 9; 11-16

Cuando Elías llegó a Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: “Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!”
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento.
Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió y se puso en pie a la entrada de la cueva.
Entonces oyó una voz que le decía: “¿Qué haces, aquí, Elías?”
Respondió: “Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme”.
El Señor dijo: “Desanda tu camino hacia el desierto de Damasco y, cuando llegues, unge rey de Siria a Jazael, rey de Israel a Jehú, hijo de Nimsí, y profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén”.

música

Dónde estás, amado de Sobre el texto de San Juan de la Cruz interpretado por Jesed
«silencio de amor»© Permisos pedidos a Jesed Ministerio de música

Leaving the Theatre interpretado por Ehren Starks
«Lines Build Walls»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

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1Re 19, 9; 11-16

Cuando Elías llegó a Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: “Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!”
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento.
Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió y se puso en pie a la entrada de la cueva.
Entonces oyó una voz que le decía: “¿Qué haces, aquí, Elías?”
Respondió: “Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme”.
El Señor dijo: “Desanda tu camino hacia el desierto de Damasco y, cuando llegues, unge rey de Siria a Jazael, rey de Israel a Jehú, hijo de Nimsí, y profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén”.

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Coloquio de la soledad

Hermana soledad: tú siempre estás conmigo, siempre me has acompañado. Cuando era más joven, te rechazaba; con el paso de los años, cada vez te siento más cerca de mi, hermana y amiga soledad.
¿Por qué será que eres quien más me ha hecho sufrir en la vida, y sin embargo me haces sentir tan celoso de ti?
Cuando entro en mi silencio, siento que tú estás ahí, hermana soledad.
Cuando atravieso el desierto de la vida, tú andas conmigo, nunca me dejas.
Cuando tengo que desandar el camino, tú lo desandas conmigo.
Si busco cobijo en una cueva, de noche, tú te cobijas conmigo.
Contigo, hermana soledad, siento la brisa suave y la voz del Señor que me dice, como al profeta Elías: ¿Qué haces aquí?
De mi silencio, nace una palabra: Señor, es de noche, busco cobijo, te busco a ti

(Pep Baquer, sj)

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