CAMINO DE SANTIAGO

NIÑOS

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febrero
25
domingo

domingo segundo de Cuaresma

Mc 9, 2-10

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Basta

Basta una brasa
para encender toda la noche.
Basta un pun?ado de semillas para reverdecer toda la espera.
Basta la mirada de un centinela para alertar toda la ciudad.
Basta el grito de un pobre para movilizar toda la justicia.
Basta la vida de un Hombre
para reconciliar todo el universo.

(Benjamin González Buelta, sj)

Mc 9, 2-10

Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía qué decir, porque estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo”. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”. Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de ‘resucitar de entre los muertos’.

música

Venid a mí interpretado por Colegio Mayor Kentenich
«Quiero construirte una casa, Señor »© Difusión libre cortesía de Colegio Mayor José Kentenich

Rivers of Love interpretado por Paul Avgerinos
«Love»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

febrero
25
domingo

Domingo de la 2 de Cuaresma

Venid a mí interpretado por Colegio Mayor Kentenich
«Quiero construirte una casa, Señor »© Difusión libre cortesía de Colegio Mayor José Kentenich

Rivers of Love interpretado por Paul Avgerinos
«Love»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

Mc 9, 2-10

Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía qué decir, porque estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo”. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”. Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de ‘resucitar de entre los muertos’.

texto de apoyo

Basta

Basta una brasa
para encender toda la noche.
Basta un pun?ado de semillas para reverdecer toda la espera.
Basta la mirada de un centinela para alertar toda la ciudad.
Basta el grito de un pobre para movilizar toda la justicia.
Basta la vida de un Hombre
para reconciliar todo el universo.

(Benjamin González Buelta, sj)

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