CAMINO DE SANTIAGO

NIÑOS

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diciembre
14
jueves

jueves de la 2 de Adviento

Is 41,13-20

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Disolvente

En la oscura argamasa de mis días,
sobre el barro endurecido de mis miedos,
apareces con el pan que necesito
del consuelo y de la escucha,
del ¡te quiero! y la conversación.

Si, a menudo, no te siento, aquí, a mi lado,
ni adivino tu presencia en mis problemas,
tu palabra me sostiene en el vacío
anunciando que volverás, que vendrás
a disolver lo que ahora me acongoja.

¡Ven! Disuelve la cascada de aguas oscuras
que empantanan mi memoria hasta la ofuscación.
Disuelve las palabras crueles y asesinas,
que tan a su antojo transitan por mis venas,
desangrando lentamente la ilusión.

¡Ven! Disuelve esta sensación de soledad,
de separación, en la que a veces me aletargo.
No dejes que me suelte de los lazos
del amor, de la verdad, de la tierra
a la que Tú ligaste, para siempre, mi raíz.

Si Tú vienes, podrá encontrar mi lengua su saliva,
mis ojos llorar ¡al fin! sus desalientos,
mis manos, con las tuyas, tocar lo inalcanzable,
mis pies andar descalzos, por fuego, mar y tierra
y el corazón disolver sus trombos en tu misericordia.

(Seve Lázaro, SJ)

Is 41,13-20

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: “No temas, yo mismo te auxilio”. No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

música

Laetentur Coeli interpretado por Taizé
«Mane Nobiscum»© Autorización de Atheliers et Press de Taizé

Akron, Colorado interpretado por Jeff Wahl
«Meditative Guitar»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

diciembre
14
jueves

Jueves de la 2 de Adviento

Laetentur Coeli interpretado por Taizé
«Mane Nobiscum»© Autorización de Atheliers et Press de Taizé

Akron, Colorado interpretado por Jeff Wahl
«Meditative Guitar»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

Is 41,13-20

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: “No temas, yo mismo te auxilio”. No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

texto de apoyo

Disolvente

En la oscura argamasa de mis días,
sobre el barro endurecido de mis miedos,
apareces con el pan que necesito
del consuelo y de la escucha,
del ¡te quiero! y la conversación.

Si, a menudo, no te siento, aquí, a mi lado,
ni adivino tu presencia en mis problemas,
tu palabra me sostiene en el vacío
anunciando que volverás, que vendrás
a disolver lo que ahora me acongoja.

¡Ven! Disuelve la cascada de aguas oscuras
que empantanan mi memoria hasta la ofuscación.
Disuelve las palabras crueles y asesinas,
que tan a su antojo transitan por mis venas,
desangrando lentamente la ilusión.

¡Ven! Disuelve esta sensación de soledad,
de separación, en la que a veces me aletargo.
No dejes que me suelte de los lazos
del amor, de la verdad, de la tierra
a la que Tú ligaste, para siempre, mi raíz.

Si Tú vienes, podrá encontrar mi lengua su saliva,
mis ojos llorar ¡al fin! sus desalientos,
mis manos, con las tuyas, tocar lo inalcanzable,
mis pies andar descalzos, por fuego, mar y tierra
y el corazón disolver sus trombos en tu misericordia.

(Seve Lázaro, SJ)

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