CAMINO DE SANTIAGO

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noviembre
23
jueves

jueves de la 33 del Tiempo Ordinario

Lc 19, 41-44

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El otro llanto

No me dejes llorar
lágrimas tramposas
cuando solloza el mundo
heridas viejas
y tragedias nuevas.
No me dejes gritar
por agravios fútiles,
que hoy la injusticia
hiere a niños y grandes
con metralla y muros,
silencio y hambre.
No me dejes hurgar
en mis penas,
como si no hubiera otras.
No me dejes
ciego
sordo
mudo
a ese otro
que sólo anhela
un poco de amor.

(José María R. Olaizola, sj)

Lc 19, 41-44

Al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida”.

música

Siento tu dolor interpretado por Kairoi
«Caminando»© Autorización de San Pablo Multimedia

Summer Garden interpretado por Rob Costlow
«Sophomore Jinx»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

noviembre
23
jueves

Jueves de la 33 de Tiempo Ordinario

Siento tu dolor interpretado por Kairoi
«Caminando»© Autorización de San Pablo Multimedia

Summer Garden interpretado por Rob Costlow
«Sophomore Jinx»© Usado bajo licencia no comercial Creative Commons

Lc 19, 41-44

Al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida”.

texto de apoyo

El otro llanto

No me dejes llorar
lágrimas tramposas
cuando solloza el mundo
heridas viejas
y tragedias nuevas.
No me dejes gritar
por agravios fútiles,
que hoy la injusticia
hiere a niños y grandes
con metralla y muros,
silencio y hambre.
No me dejes hurgar
en mis penas,
como si no hubiera otras.
No me dejes
ciego
sordo
mudo
a ese otro
que sólo anhela
un poco de amor.

(José María R. Olaizola, sj)

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