







Al pasar, Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores que habían acudido se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa ‘Misericordia quiero y no sacrificio’: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
«The Longing » © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
A veces me pierdo, Padre.
Tú, mejor que yo mismo, lo sabes, Abba.
A veces me enredan mil pasatiempos, me equivocan, me ensordecen.
¡Y es que hay tantas cosas danto vueltas a mi alrededor!
Luces, movimiento, ruidos, pantallas, conversaciones, rostros viejos y nuevos.
Sendas ya trilladas, mentiras siempre atractivas, muerte disfrazada de vida.
Y yo quiero seguir…pero me cuesta. Me cuesta tanto…
Hoy, oyendo tu Palabra, he sentido tu providencia que me guía.
Camino, Verdad y Vida.
Camino para no perderme nunca. Senda con hierba verde y sombra en ocasiones, y
también otras veces con piedras y sol que quema.
Verdad que no me hunde ni me aplasta. Sonora como la voz de una madre que
llama a comer, que dice qué ropa ponerse para ir a misa, que arropa en la cama
por la noche. Que besa cuando estoy dormido.
Vida de verdad. Vida plena. Vida colmada. Con luces y con sombras. Con risas y
con lágrimas.
Contigo siempre a mi lado.
(Jaime Foces Gil)