







El Señor es quien salva a los justos.
Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.
Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles.
El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados
y los salva porque se acogen a él.
«Finding Sanctuary» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Yo soy quien salva a los justos.
Confía en mí, haz el bien, vive donde te toque vivir,
pero sé leal a mí, que soy tu Dios, y a tus gentes y a tu mundo.
Yo seré tu delicia, y te daré lo que pida tu corazón.
Fíate de mí. Pon tu camino en mis manos, confía en mí, y actuaré.
Tan seguro como que hay amanecer, yo te haré justicia.
Tan seguro como que hay mediodía, habrá derecho para ti.
Apártate del mal y haz el bien, y mi casa será siempre tuya,
porque yo amo la justicia y no abandono a los fieles.
Yo soy quien salva a los justos, yo soy tu refugio en el peligro.
Yo te protegeré y te libraré de los malvados.
Te salvo porque te fías de mí.
(Rezandovoy, el Salmo 36, a la manera de Dios)
Guíame, Señor, mi luz,
en las tinieblas que me rodean,
¡guíame hacia delante!
La noche es oscura y estoy lejos de casa:
¡Guíame Tú!
¡Dirige Tú mis pasos!
No te pido ver claramente el horizonte lejano:
me basta con avanzar un poco…
No siempre he sido así,
no siempre Te pedí que me guiases Tú.
Me gustaba elegir yo mismo y organizar mi vida…
pero ahora, ¡guíame Tú!
Me gustaban las luces deslumbrantes
y, despreciando todo temor,
el orgullo guiaba mi voluntad:
Señor, no recuerdes los años pasados…
Durante mucho tiempo tu paciencia me ha esperado:
sin duda, Tú me guiarás por desiertos y pantanos,
por montes y torrentes
hasta que la noche dé paso al amanecer
y me sonría al alba el rostro de Dios:
¡tu Rostro, Señor!
(John Henry Newman)