







Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre.
Por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos
«Fuego en las entrañas» © Con la autorización de Ain Karem
«Remember» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Ahí va el ingrato,
persiguiendo imposibles.
Pasa la vida
mascullando decepciones.
Quiere encadenar el aire.
Arruga el ceño
ante los límites.
Le ofende un no.
Exige el amor.
Solo nota las carencias.
Pobre.
Olvidó
que vivimos de prestado.
El tiempo, el pan,
la palabra, la caricia,
y la ternura
en otros ojos,
todo es don.
(José María R. Olaizola, SJ)