







La madre de los Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Lo somos». Jesús les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».
«En él solo la esperanza » © Autorización de Cristóbal Fones
«Timeless» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Caigo en la exigencia
de las tiranías que ofrecen
espejos y autosuficiencia,
del vaivén desenfrenado
de lo fácil y voraz.
Me envuelven
las opresiones a la carta
que me embelesan
atándome a los cepos
y candados más brutales.
Me seducen los lugares acomodados
y las mentiras de mostrador
que me hacen comprar verdades de saldo.
Hasta que, con amor radical, apareces
y me atraes siendo el Peregrino
de mi vida.
Llegas para quedarte
y aun estando yo de paso,
me invitas a una historia nueva
asegurando abrazos con otros caminantes.
Un servir silente, elocuente,
desde abajo…
vendando heridas,
con ese, tu bálsamo de vida.
El camino se abre
y otras historias se enlazan.
Nombres, rostros, latidos.
Refugio seguro.
Tesoro que nos hace ricos.
Carne ardida,
radiante y resucitada,
Camino abierto,
y lo tuyo es nuestro.
Peregrinos y servidores.
Identidad perpetua,
misión asegurada.
(Malvi Baldellou)