







Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan
Me ensalzarás, hijo mío, a quien quiero. Cada día hablarás bien de mí, que eso es bendecir. Días tras día, dirás mi nombre, y lo que digas será bueno.
Yo soy clemente y misericordioso, soy lento a la cólera y rico en piedad.
Quiero a todos, de verdad. Y miro con ternura a cada una de las criaturas de este mundo. A las plantas, a los animales, a la creación entera. Y, por supuesto, a cada persona, diferente, única, especial, y llena de posibilidades. A todos quiero.
Ojalá cada criatura tenga un corazón agradecido, porque eso será señal de que sienten lo bueno que hay en sus vidas. Hablad bien de mí, los que os llamáis fieles. Que ser fiel es estar unido, es guardar una alianza, es compartir y apostar por un mismo proyecto. Ese proyecto es mi reino. Ojalá con tu bendición hables de ese reino, donde la mayor de las hazañas es el encuentro de una humanidad reconciliada y plena. Créeme, yo soy fiel a mis palabras, a lo que he prometido, y en lo que hago busco el bien. Si alguien va a caer, yo le sostengo. Enderezo a quienes ya se doblan.
Rezandovoy (el salmo 114, a la manera de Dios)