







Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la mota que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la mota del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano».
«Reverie» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Oye, ¿Te das cuenta de lo fácil que es juzgar? A los políticos, a los curas, a los amigos, a la familia, a los vecinos, a los compañeros de trabajo, a la gente que aparece en los medios… Y dices: “es que este es así, y esta es asá. Es que fíjate tú, qué cosas hace fulano, o qué poco estilo tiene mengana”. Uno se va subiendo, casi sin darse cuenta, al carro de la condena. Acusas a tu hermano de blando, de frío, de egoísta, de frívolo, de vago, de insensible, de incoherente… Y a menudo lo acusas delante de otros, y murmuras. Y la crítica no busca el bien del otro, sino que es una forma de rechazo. Y a veces uno dice aquello de «si es que yo lo hago por tu bien». Déjame que te diga que, a menudo, eso es hipocresía. Porque muchas veces exiges al otro mucho más que a ti mismo. Pelea, por tu parte, para ser buena gente, y entonces de verdad lo serás con los demás, y aprenderás a actuar por su bien
(Rezandovoy)