







Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Y ocurrió que intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano porque todavía no había llegado su hora.
«Verbum Panis» © Autorización de San Pablo Multimedia
«Tranquilidad total » © Autorización de San Pablo Multimedia
Si escribo algo bonito
es porque tú quieres.
Si mis palabras emergen
y consiguen tocar almas,
o agitar conciencias,
o despertar curiosidades,
será porque tú,
en tu infinita sabiduría,
habrás querido servirte de ellas
para llevar adelante
tu plan infinito.
Pero si no lo logro,
si las palabras no salen,
o si suenan vacías,
o no transportan la fuerza suficiente
para transformar voluntades,
será porque tú,
en tu infinita sabiduría,
así lo tienes dispuesto.
Porque sé que lo tomas todo,
mis palabras, pero también mis silencios,
y los conviertes en ladrillos
con los que edificarás tu reino.
(Ximo Cerdà)