







Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Echa los demonios por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belcebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama».
«Un cambio de raíz» © Difusión libre cortesía de Metanoia
«The Man of Loaves & Fishes» © Permisos pedidos a Assisi Producciones
Jesús tocó el corazón de un hombre, que estaba encerrado dentro de sí mismo. Le abrió las puertas, y le enseñó a mirar al prójimo. Y ese hombre se sintió sanado.
Pero algunos que lo veían, empezaron a discutir sobre Jesús… Es que no lo ha hecho bien; es que hay que hacerlo a nuestra manera; es que su camino no nos convence; es que lo hace para que le aplaudan, para que le adulen, para que le admiren; es que es un demagogo… y así seguían en un debate interminable, pidiéndole gestos y milagros, y al tiempo poniendo objeciones.
Entonces Jesús les dijo: «Mirad, las divisiones internas sólo generan fracaso. La diversidad, la diferencia, la variedad están bien, pero tirarse los trastos a la cabeza por ellas no sirve para nada. ¿De qué va mi evangelio? De amor, de verdad, de justicia. Sólo eso señala al Dios del amor, de la verdad y de la justicia. Ese es el reino que ha llegado entre vosotros. Pelear por otras cosas sólo conduce al fracaso. El que quiera venir conmigo, trabajar conmigo, construir conmigo, que se dedique a eso: al amor, a la verdad y a la justicia. Y estará conmigo. Si no, está desperdiciando la vida…»
(RV, adaptación de Lc 11, 14-23)
En medio de la sombra y de la herida
me preguntan si creo en Ti. Y digo:
que tengo todo, cuando estoy contigo,
el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.
Sin Ti, el sol es luz descolorida.
Sin Ti, la paz es un cruel castigo.
Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.
Sin Ti, la vida es muerte repetida.
Contigo el sol es luz enamorada
y contigo la paz es paz florida.
Contigo el bien es casa reposada
y contigo la vida es sangre ardida.
Pues si me faltas Tú, no tengo nada:
ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida.
(José Luis Martín Descalzo)