







Viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
«3 hours of beautiful instrumental music» © Compartido en Youtube por Peder B. Helland
No puedo guardar mi vida
en una caja de seguridad,
ni en la cuenta secreta
de un paraíso fiscal,
ni entre paredes vigiladas
por cámaras y espejos,
ni en el frágil papel
de las crónicas de moda,
ni en la aprobación social
que pronto se evapora.
Yo solamente puedo guardar mi vida
en el corazón de los pobres,
en los cuencos de los ojos
que tantean las aceras,
en la inhóspita exclusión
de emigrantes sin papeles,
en la soledad helada
de los que viven entre rejas,
en el tedio de los últimos
que nadie roba ni codicia.
Porque ahí, en pobres, ciegos,
solos, últimos,
al entregar mi vida
donde se pierde,
la estoy guardando en ti,
Dios pobre y cercano.
(Benjamín González Buelta)