







Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Pero Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
«Ciudad Multicolor.» © Difusión libre cortesía de Colegio Mayor José Kentenich
Mírame a los ojos, Señor,
como aquella vez primera.
Aunque llevo unos años contigo,
ven y renuévame desde las raíces
porque se me ha enfriado la fe,
he pactado con otros dioses,
he caminado otros caminos,
me he acomodado en una vida burguesa.
Me falta el entusiasmo del comienzo.
Llámame de nuevo, refresca mi andar,
que se me ha ido apagando el amor primero,
que se me ha vuelto duro el corazón,
que me he vuelto insensible
al dolor y pobreza de mis hermanos.
Soy yo quien anda enfermo y desanimado,
enredado y cabizbajo, sin pasión ni chispa.
Tengo nostalgia de aquellos días de antaño
en que nada importaba excepto tú y tus cosas.
Estabas en todo. Eras mi Todo.
Por eso, acércate, Señor,
y con tu mirada, conquístame,
reenamórame otra vez
para que tú vuelvas a ser mi Dios y mi Todo.
(Fermín Negre)