Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrear a Jesús. Él les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?». Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios –y no puede fallar la Escritura– a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre».
Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de este, era verdad». Y muchos allí creyeron en él.
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Coge la piedra, la pesa,
la siente fría y dura al tacto.
Mira a lo lejos. Calcula
cuánto tardará en llegar
el enemigo, el rival,
el desconocido
hijo del dueño de la viña.
Cuando aparece
el mundo se detiene.
Se hace un silencio
expectante, clamoroso,
sólo roto por el murmullo
de la voz que se aproxima
anunciando la paz.
El canto intenta abrirse paso,
pero encuentra murallas
graníticas, inalcanzables,
y corazones de piedra.
Al final, el rumor cesa.
Se alza un grito, violento
y absurdo. Es el alarido de Caín
que aún nos desquicia hoy.
El hijo del dueño de la viña
recibe la primera piedra.
Quien la arroja no está libre de pecado.
La primera de muchas. Hasta quebrarlo
del todo.
No nos rendiremos.
No ha de vencer la desesperanza.
En un luego eterno y liberado
su cuerpo ha de volverse piedra angular,
sobre la que se levantarán,
reivindicados al fin,
todos los golpeados
de la historia.
(José María R. Olaizola, SJ)