Abram cayó rostro en tierra y Dios le habló así: «Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios». El Señor añadió a Abraham: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».
«A todos los pueblos» © Autorización de Provincia Vedruna de Europa
«Ravel on guitar and Ukelele» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Tengo hambre de palabra,
sed de sentido,
ansia de encuentro,
ganas de Ti.
Necesito la libertad que ofreces
anhelo el júbilo
de quien anda sin cadenas
Espero en tus promesas
Busco tu rostro.
Ven.
Hazte voz y horizonte.
Muéstrate en el camino.
Deshaz los nudos
que me aprisionan.
Cumple tu parte.
Déjame verte.
Todo, en mí,
es deseo de algo más.
Soy pura insuficiencia
llamándote, Señor.
Todo, en Ti,
es alianza eterna.
Eres la plenitud
hecha respuesta,
aunque a veces
descoloques
las piezas de mi mundo.
(José María R. Olaizola, SJ)