







Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día».
«Con él la fiesta empezó» © Autorización de Provincia Vedruna de Europa
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Jesús me dice, también hoy: «Yo soy el pan de la vida. Si vienes a mí, no tendrás hambre, y si crees en mí, no tendrá nunca sed. Pero, escúchame. Me has visto y no terminas de creer. Yo sé que el Padre te ha puesto en mis manos. Fíate, ven a mí, y yo no te echaré fuera. He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de mi Padre, que me ha enviado. Y, ¿sabes qué es lo que quiere mi PAdre? Que nadie se pierda. Que nadie se extravíe. Que todo resucite el último día. Esta es la voluntad de mi Padre. Que quien me vea y crea en mí, tenga vida eterna y yo le resucite el último día. Por eso te digo. Mírame, ven a mí, cree en mí… y vive en plenitud.»
(adaptación de Jn 6, 35-40, por Rezandovoy)