Gracias por tu silencio

Gracias, Señor, por tu silencio.
Se abre delante de nosotros
como un respeto cálido,
donde podemos ensayar
nuestras palabras de aprendices,
alentados por tu mirada
que nos contempla con cariño.
En tu silencio nos decimos,
originales y nuestros,
nos escribimos en tu acogida
de página en blanco.
Trazamos nuestra ruta
en tu hoja azul
de mar en calma
y días luminosos,
o en tu calcinada superficie
de arena y desierto,
perdidos en la historia
sin huellas por delante.

(Benjamín González Buelta, sj)