Adaptación de 1Jn 3, 22; 4, 6

Tienes muchos deseos. Pero todo lo bueno que anhelas y pides, en realidad lo recibes de él, porque vives sus mandamientos y haces lo que le agrada. Lo que él te pide a ti es que creas en el nombre de su Hijo, Jesucristo, que ames a los otros y te dejes amar por ellos, pues solo ese fue su mandamiento. Si lo haces, entonces permaneces en Dios, y Dios en ti. En esto puedes conocer que Dios permanece en ti. En el espíritu de amor que te ha dado.

Eso sí, no te fíes de cualquier espíritu, de cualquier emoción o de cualquier palabra piadosa. Tienes que examinar si todo eso viene de Dios, porque hay muchos falsos profetas hablando con cháchara vacía. El espíritu de Dios es capaz de reconocer que Jesús es Dios. El espíritu que lo niega, en cambio, el que le da la espalda, no es de Dios, sino del mal. Y ese mal está alrededor, está en el mundo, solo tienes que mirar para darte cuenta de la cantidad de cosas que reflejan una lógica diferente, la falta de amor, el odio… Tú eres de Dios, y has vencido al mal. Pues mira. Dios, en ti, es más fuerte que ese mal del mundo. Quien habla con las palabras y los valores de este mundo dominado por el mal, ese está en el error. Tú, en cambio, sé firme, transmite la palabra de Dios, y quien vive en el espíritu de la verdad te escuchará.