Rocas de salvación

Y me apego cada día a mis rutinas,
porque siento que en cada una de ellas
circula esa savia silenciosa de la fidelidad,
que le roba al tiempo instantes de infinitud:
tomar un café, hacer la cama, dar un paseo…

Y me aferro un día y otro a mis rituales callejeros,
de acercarme e interesarme por la gente:
un hasta luego, una sonrisa, un qué tal te va.
Hasta entrever en su rostro, un nuevo amanecer
limpio de extrañezas, miedos y desconfianzas.

Y me agarro sin descanso a la memoria
de todo lo que sin mi esfuerzo llega a mí:
la luz del sol, el agua, el pan, la música, tu voz.
Y me digo, sin dudar, que no es la codicia la roca,
que la gratuidad sigue sosteniendo este mundo.

(Seve Lázaro, SJ)