El camino de Tomás

¿Tocar para ver? ¿Ver para creer?
¿Y si eligiese el camino de creer para ver?
Creer en el amor,
que es posible, aunque a veces
se haga el escurridizo.
Creer en el vecino, que es persona,
y siente, come, ríe y pelea, cada día,
como tú, con sus razones y sus errores.
Creer en el futuro, que será mejor
cuanto mejor lo hagamos.
Creer en la humanidad,
capaz de grandes desatinos,
pero también de enormes logros.
Creer en la belleza, individual,
diferente, que se sale de los cánones
y se encuentra en cada persona.
Creer en las heridas de Dios,
nacidas de su pasión por nosotros.

Y entonces ver,
con el corazón desbocado
por la sorpresa y el júbilo,
al Señor nuestro
y Dios nuestro
que se planta en medio,
cuando menos te lo esperas.

(José María R. Olaizola, sj)